Osteopatía

Existe una fuerte relación mecánica entre la estructura del cuerpo y las funciones de las diferentes partes que lo componen. A lo largo de la vida, los movimientos y equilibrio de nuestra estructura se ven alterados, creando así disfunciones en el sistema mecánico, neurológico y circulatorio. La osteopatía detecta las anomalías del movimiento de la columna vertebral, corrigiéndolas y restableciendo la movilidad natural, gracias a un único instrumento de trabajo: las manos.

La práctica de la osteopatía requiere un gran conocimiento de la anatomía y fisiología humanas, así como la ejecución de una acción manual específica y muy exacta. El osteópata organiza y dirige cada tratamiento en función de cada persona, a fin de que el organismo exprese sus facultades naturales de auto-equilibrio, auto-regulación y auto-curación.

En sí, la osteopatía aparece como una forma de aproximación, conocimiento, intuición y escucha del paciente, ya que el cuerpo nos habla en un lenguaje no verbal muy particular en el que las contracturas y descompensaciones explican su historia. Fue el médico osteópata estadounidense A. T. Still quien desarrolló, a finales del siglo XIX, una nueva medicina a la que llamó osteopatía. Su posterior difusión por toda Europa y la creación de un buen número de escuelas especializadas, convirtió a la osteopatía en una profesión estable y oficialmente reconocida. En el estado español no fue hasta finales del año 1988 cuando se creó la primera escuela de osteopatía en el seno de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La osteopatía no conoce edad, de tal modo que todo el mundo puede beneficiarse de ella, desde los recién nacidos hasta la gente más mayor. La práctica osteopática va destinada a todas aquellas personas que presenten disfunciones a nivel de la estructura mecánica, visceral o craneal.

La osteopatía aplicada al niño resulta muy eficaz en estos casos: prevención y tratamiento de deformidades de la columna vertebral, minusvalías físicas, problemas de oído, perturbaciones del comportamiento, inquietud o trastornos del sueño, problemas vinculados con el nacimiento, etc.

También es muy útil en casos de problemas del sistema uro-ginecológico: incontinencia urinaria, menstruaciones irregulares y/o dolores, amenorrea, problemas físicos durante el embarazo, malposición uterina (prolapso…), ciertos casos de infertilidad, reequilibrio del sistema corporal pre y postparto, cistitis de repetición, prostatitis, etc.

Un campo muy propicio para la aplicación de la osteopatía es el deporte: preparación al esfuerzo y mejora del rendimiento deportivo, tratamiento de patologías derivadas de la práctica deportiva (esguinces, tendinitis, pubalgias…), inflamaciones por sobre-esfuerzo, etc. La osteopatía se aplica igualmente al sistema oro-facial: bruxismo, dolor de la articulación temporomandibular, ortodoncia, estrabismo, sinusitis, etc; así como en problemas emocionales: cefaleas tensionales, opresiones del tórax por angustia o estrés, dificultades respiratorias, cansancio, insomnio, etc. Y, evidentemente, también en los problemas propios de la columna vertebral, en los que resulta ser altamente eficaz: lumbalgias, cervicalgias, hernias discales, ciáticas, dolores articulares y/o musculares, etc.

Todo cuanto vivimos a lo largo de la vida afecta a nuestro organismo. Hay lesiones traumáticas de dos tipos:

– físicas (accidentes, caídas, partos…), que afectarán a huesos y articulaciones.
– emocionales (pérdidas, estrés…), que afectarán a fascias y partes blandas.

Estas lesiones provocan que nuestro organismo se vaya adaptando a fin de seguir funcionando, pero todas estas adaptaciones no siempre resultan ser positivas y ello acarrea bloqueos y falta de movimiento en nuestro organismo, haciendo que funcione con un mayor gasto de energía de lo necesario y, a la postre, provocando la aparición de inflamaciones o dolores. El objetivo de la osteopatía es recuperar el buen funcionamiento del cuerpo, liberando dichas lesiones y previniendo otras que puedan ser incluso más graves.