La fuente de la salud, una presentación

la fuente de la salud Carles

En cierto modo, todo cuanto deseábamos decir en este libro, al menos lo más esencial, está destilado en el título, La fuente de la salud, que, por fortuna, encontramos pronto. Ya se sabe que, a veces, los títulos se resisten un poco, pero, insisto, no fue este el caso. Este libro habla de la fuente de la salud, que no es otra cosa que la fuente de la vida. Y decir fuente quiere decir algo que se nos ofrece de forma incondicionada. Eso es, por ejemplo, lo que distingue al pozo, fruto de nuestro esfuerzo tenaz por encontrar agua, de la fuente. Decir fuente, por consiguiente, significa decir gratuidad, algo tan infrecuente hoy en día en el que todo tiene un precio y casi nada se realiza desinteresadamente. Pero, las fuentes, que son auténticos regalos de la naturaleza, deben ser cuidadas para que se mantengan vivas; y la fuente de la salud no es una excepción.

Esta fuente de la salud de la que hablamos está estrechamente relacionada con aquella vieja expresión latina proveniente de la antigua medicina griega: vis medicatrix naturae, es decir, la fuerza curativa de la naturaleza. Y es que uno de los objetivos del presente libro es ayudarnos a tomar conciencia del tesoro que la vida ha depositado en nuestro interior. En otras palabras: la naturaleza es el gran médico y este médico nos acompaña en todo momento. Somos, por lo tanto, nuestra propia medicina, si bien lo ignoramos o sencillamente lo hemos olvidado, y recordar algo perdido en el olvido no resulta una tarea sencilla.

Decía el sabio sufí Mawlânâ Rûmî (m. 1273), maestro de derviches: “En tu interior existe una gran fuerza vital sanadora, ¡descúbrela!”. Pues bien, este libro pretende ser una invitación. Una invitación a asumir un reto en el que nos va la salud y, por consiguiente, también la vida. Todo lo que hay en La fuente de la salud constituye una invitación a vivir en armonía con las fuerzas activas de la vida, que son el fundamento de la salud y el bienestar.

Pero, cuando hablamos de salud, y, a mi juicio, éste es un aspecto relevante del libro, no lo hacemos en un sentido restrictivo, es decir, meramente físico. Y es que no sólo de pan -¡por muy integral que sea!- vive el hombre. La salud y el bienestar, o lo que es lo mismo, la experiencia de una vida en plenitud, no se limita a lo que comemos o dejamos de comer. Aquí se habla de más cosas: de la salud emocional y también del espíritu, fundamento de una vida más plena y feliz. Porque, hoy, pocos son lo que se cuestionan la influencia que ejerce sobre la salud un enfoque positivo de la existencia.

Y, por último, otro aspecto remarcable del libro es mostrarnos la posibilidad de tener una percepción distinta del ser humano, más integradora u holística, como se dice ahora, que considere el cuerpo, por ejemplo, como un organismo vivo unificado, un ecosistema en el que todo guarda relación con todo, y no como un agregado de partes sin conexión entre sí o puramente mecánica. Y es que en nuestro cuerpo más que partes lo que verdaderamente hay son relaciones. Porque el cuerpo humano no es una máquina, no es un reloj perfecto, como pensaba Descartes, uno de los padres del actual desastre humano; ni tampoco es un ordenador, como se suele afirmar en unos tiempos como los actuales dominados por la informática. No, el cuerpo no es una máquina, sino un ser vivo de una enorme belleza y complejidad.

No quiero concluir mi intervención sin decir algunas palabras a propósito de las doctoras Montserrat Noguera y Padma Solanas Noguera, compañeras en esta aventura literaria. Por muchas razones, algunas obvias, La fuente de la salud es un libro muy especial. Está escrito a seis manos, tres mentes, pero un solo espíritu. Y, sinceramente, creo que eso se percibe en todas las páginas, de la primera a la última. Este es mi sexto libro, pero, por razones afectivas y familiares, es el que más ilusión me ha hecho escribir. Espero que en el futuro vengan otros, pues es necesaria y urgente otra visión más humana e integrativa de ese maravilloso arte de preservar la salud, según la definición del médico persa Ibn Sina, el Avicena de los latinos, que es la medicina.

 

Carles H. Bárcena

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